lunes, 21 de junio de 2010

Estaciones

Las estaciones han sido diversamente representadas en las artes: la primavera por un cordero; el verano por un dragón escupiendo llamas; el otoño por cuernos de la abundancia desbordantes de frutos; el invierno por una salamandra, etc. La sucesión de las estaciones, como la de las fases de la luna, escande el ritmo de la vida, las etapas de un ciclo de desarrollo: nacimiento, formación, madurez y declive; ciclo que conviene tanto a los seres humanos como a sus sociedades y sus civilizaciones. Ilustra igualmente el mito del eterno retorno. Simboliza la alternancia cíclica del empezar de nuevo.

sábado, 5 de junio de 2010

En busca de la diosa


"¿Cuál es la utilidad o la función de la poesía en la actualidad" es una pregunta no menos difícil porque la hagan desafiantemente tantas personas estúpidas o la respondan apologéticamente tantas personas tontas. La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la experiencia de exaltación y de horror mezclados que su presencia excita. ¿Pero "en la actualidad"? La función y la utilidad siguen siendo las mismas; sólo la aplicación ha cambiado. Ésta era en un tiempo una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta la advertencia, ha trastornado la casa con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria, y ha traído la ruina a sí mismo y a su familia. La "actual" es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía. [...] En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como "personal auxiliar del Estado". En que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad.

Robert Graves en La Diosa Blanca

domingo, 23 de mayo de 2010

La literatura como ficción: concepto de intertextualidad



En general, los que trabajan con la literatura están de acuerdo en que es un discurso principalmente ficcional. Esto quiere decir que todo lo que leemos como literatura no tiene de un modo necesario referentes directos en el mundo real. Entre el autor y el lector se establece un pacto por el cual el texto literario no se produce ni se consume como “verdad”. La referencia que se construye en cada texto se lee, fundamentalmente en relación con él. Sin embargo, la literatura (que es ficción y no “mentira” o “fantasía”) es profundamente “verdadera”: su autenticidad pasa por reconocer sus procedimientos de construcción de lo ficcional para, desde allí, representar lo real.
Pero, además, ningún texto aparece aislado respecto de los demás. Cada texto literario, si bien es concluso en si mismo siempre tiene puntos de conexión con otros textos previos que, de alguna manera, ingresan en él.
Un autor no escribe su obra desde la nada, tiene modelos y antimodelos que por presencia o por ausencia, podemos ver reflejados en ella. Además, esa obra también puede ser pie para una respuesta por parte de otros textos.
Esta relación se denomina, en sentido amplio, intertextualidad.

sábado, 15 de mayo de 2010

Serpientes


La Serpiente sale de abajo de la cama, se arrastra pesadamente y avanza -temerosa y con cautela- la lengua venteando el aire en busca de olores.
Recorre la habitación, zigzagueante, explorando tenaz cada rincón como si fuera la primera vez que está ahí.
Al verla siente un vahído.
Piensa: "Dios mío, es enorme".
Y siente que de nuevo el terror lo golpea en el rostro como una cachetada luminosa, dejándolo aturdido y con la mente en blanco. Enceguecido.
No obstante, alcanza a darse cuenta de que con ésta ya son cinco veces que sueña con la Serpiente. Entonces le dan ganas de llorar porque sabe que va a morir: el reptil va a devorarlo, asfixiarlo con sus anillos, envenenarlo con su ponzoña.
Pero esta vez es diferente a las anteriores.
La Serpiente se mueve con torpeza y lentitud, como si de repente se hubiese quedado ciega o perdido el sentido de la orientación. ¿Será que tampoco sabe dónde está su víctima?
Toc.
La Serpiente choca con su cabezota contra los zócalos, permanece allí un rato como si estuviese en penitencia antes de proseguir su penosa marcha. Sin embargo, cada tanto padece repentinos accesos de cólera, raptos que electrifican su cuerpo voluminoso, envarándolo.
La Serpiente se sacude entonces como una manguera de incendios, se contorsiona, barre el suelo de izquierda a derecha volteando todos los muebles que encuentra a su paso. Pero así como viene esa furia se va pronto dejándola exánime por unos instantes. Inmóvil bajo la luz tenue, la Serpiente se parece a la pierna de una mujer, una larga pierna de mujer: una triste mujer exhausta envuelta en látex negro.

Sebastian Campanello

sábado, 8 de mayo de 2010

Casa de ventanas



Cortinas se inflan de viento en esta casa de ventanas
Alojase aquí retoños de simpleza en rincones de habitaciones sucias
Un vacío permeable llena la casa de frío
Sobre todo lo que existe hay silencio, como una capa de tierra que se estaciona sobre libros
Alfombras, sillones, mesas
No pasa luz por hendijas abiertas, oxidado el piso y la cerradura
Roída de besos también me oxido.
A un paso de esta casa vieja encuéntrese un almendro seco
Una parra de uva verde
Y un plato en el piso
Camas de perros que no existen
Retratos de familias que desaparecen.
Soledad de campo, sombra de eucalipto
Silencio otoñal, púdrase ya de a pedazos mi carne
Como mis huesos en la tierra, llorando bajo almendras maduras.

Juliana Mandolesi

viernes, 30 de abril de 2010

ChuangTzu y la mariposa

Mientras miraba las estrellas, apoyado sobre la ventana, Chuang Tzu imaginaba cómo sería su vida si pudiera volar…
Era lunes, caminaba por las calles de Londres, llevaba un sobretodo gris, zapatos negros, boina y un maletín. No sabía muy bien a dónde iba, pero de todos modos caminaba y no dejaba de hacerlo. Al cabo de unas veinte cuadras, se encontró con una casa, justo en frente de él, era antigua, con muchas ventanas y una enorme chimenea sobre el techo, parecía estar abandonada. Chuang era una persona sumamente inquieta, con grandes ideales (de allí su idea de volar), por eso decidió entrar. Tocó la puerta, pero nadie contestó. Se asomó por la ventana, dentro de la casa observó un jardín gigante, con flores, árboles y aves. Por dentro la casa parecía estar muy bien cuidada, a pesar del aspecto terrible que tenía por fuera. Chuang sentía grandes ganas de entrar, pensó, ideó y luego llevó a cabo su plan. El martes por la mañana volvió a aquella casa y consiguió entrar. En ese momento se sorprendió y asustó, no comprendía qué estaba pasando, era como si al pasar por la puerta se encontrara en otro mundo, lo que Chuang había visto por la ventana, ese jardín, era toda la casa, la casa era un inmenso jardín sin edificios alrededor, ni calles, ni casas vecinas… .
Al caminar por los pastizales, llenos de girasoles y jazmines sentía que se alejaba cada vez más de la puerta, que esa caminata era infinita. A pesar de eso, siguió caminando, como siempre, sin saber a dónde ir, pero sin dejar de hacerlo. El paisaje era cada vez más bello, sentía el cielo y las nubes muy cerca, la brisa rozaba su cara suavemente y alrededor aves de todas las especies junto a él…
Al despertar miró las estrellas por la ventana, y luego ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que estaba soñando que era Tzu.

Laila Recloux

jueves, 25 de marzo de 2010

Pleno



Pleno

Al acecho,
en mi ríspida frontera
me erizó tu tenue geografía.

Escalé tus muros,
caminé tus calles
conocí el encanto
de las nieves de tus cumbres
reposé en tus valles,
horadé tus precipicios
nadé en sus vertientes
de cara al sol
me aferré a sus laderas.

Rozó tu paisaje el ansia
rugosa de mi piel gastada,
jugaba en tu nerviosa gramilla.
Agitada turbulencia del volcán
revelando despiadado
ardor de guerras futuras
en tus bélicas trincheras.

Y escalé los precipicios
desandé los valles
crucé cantando las cumbres,
bebí extasiado de tus nieves
paseé por tus calles incólumes.

Descendí los muros infinitos.

Llegué hasta tu puerta:
no la crucé…

Me quedé a vivir en tu comarca.

Marcelo Truffini
Técnica-Expresión-Danza-Epifania

Las cuatro etapas del desarrollo artístico





Mi foto
Julio Recloux, escritor argentino, nació en Buenos Aires en 1965. Cursó estudios de psicología en la Universidad Nacional de Mar Del Plata y de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González. Ha sido alumno de Silvia Plager quien lo formó como escritor y coordinador de talleres literarios. Fundó el suyo en abril de 1999. Trabajó, más tarde, también, para la Secretaria de Cultura de la Nación, coordinando talleres en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires. Estudió la psicología de Carl Jung y la obra de Joseph Campbell. Como narrador, ha publicado junto a Ana Quiroga y otros colegas en el 2004 el libro Cuentos al oído de Buenos Aires, editado por la Secretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el 2010, publicó la primera antología de su taller bajo el título: Confabulatores Nocturni. Luego, en 2012 Fantasías elementales y La maquinaria del atrapasueños (Ediciones Nueve Puntas). Actualmente dirige el sello Ediciones Nueve Puntas, escribe en la sección literaria de la revista Uno Mismo y trabaja con sus alumnos en forma privada dictando clases individuales y grupales.