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martes, 18 de octubre de 2011

Revista RAM


Número 02 de RAM, de próxima aparición

viernes, 22 de abril de 2011

Nuestro taller en la 37 Feria del Libro



Clase abierta en la Feria del Libro a cargo de Julio Recloux

El jueves 28 de abril a las 19hs, estaremos dando una clase abierta en la Feria. El tema de la misma será: La escritura y el poder transformador de la ficción. Este encuentro se llevará a cabo en
el espacio cultural de la Carpa “Cultura en Movimiento” de la BCN que está ubicado en el Predio Ferial: Frente al Pabellón Ocre / Biblioteca Infantil y delante del Centro de Prensa / Pabellón Frers –
Por otra parte, queremos contarles que nuestra revista RAM estará disponible en el Stand de Revistas Culturales (Pabellón Amarillo, Calle 16, Stand número 2544, que funcionará en el Predio la Rural, desde el 20 de abril al 9 de mayo de 2011). También, en el Bibliomóvil y en el espacio cultural de la Carpa "Cultura en Movimiento" de la BCN, donde a la vez estará el libro que hemos publicado el año pasado: Confabulatores Nocturni.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Felíz 2011 para todos!!!



Entrevista realizada por Enrique Pagani, Jorge R. Losinno y Claudio Cuellar (a quienes les agradecemos mucho la invitacón) para el programa de radio "Miércoles de Literatura", en los estudios de la UAI, a propósito de la publicación de la revista RAM y del libro Confabulatores Nocturni. Buenos Aires, diciembre del 2010, Argentina.

Los poetas y la tradición


Artículo escrito por Julio Recloux para RAM

Cuentan que existió hace siglos en Asia Menor una cofradía de poetas que recopilaba canciones y leyendas que transmitía oralmente de generación en generación. Parte de su legado son, por ejemplo, entre otras tantas, las historias de las Mil y Una Noches. Pero se sabe que, incluso, el más antiguo y misterioso de los poemas, el de Gilgamesh, llegó hasta nosotros casi sin alteraciones, gracias al trabajo de está antigua tradición literaria.
En todo el mundo y en todos los centros de cultura, a lo largo del tiempo, han existido este tipo de escuelas que han puesto su talento y su inspiración al servicio de altos ideales, con el anhelo de sembrar una influencia positiva en el mundo, capaz de iluminar no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a los de futuras generaciones.
Desde los primeros narradores de la Europa paleolítica, que contaban historias alrededor del fuego, pasando por los aedos en Grecia; y los juglares de la Europa medieval o los relatos de poder de los chamanes del México antiguo, hasta los movimientos vanguardistas del siglo XX, han existido estas asociaciones literarias y creemos que siempre existirán porque no sólo de pan vive el hombre.
La palabra poeta es de origen griego y viene de uate que significa el que ve, de donde a su vez, deviene vate y vaticinio. Este detalle en relación a la etimología del término nos da una idea más profunda acerca de lo que significa ser poeta, y de la función; que desde un comienzo, ha tenido la literatura en el universo simbólico del hombre.
Pero tal vez sea bueno aclarar que si bien el poeta puede en el cenit de su arte acceder a verdaderas visiones, tal como les sucede a los reformadores sociales o a los creadores de religiones, este lo hace tan sólo como artista, es decir, sin la más mínima pretensión de acceder a ninguna verdad revelada.
El arte, a diferencia de la ciencia y la religión o la política, no busca ni pretende en absoluto la verdad, sino tan sólo la belleza. Lo cual no significa que para el artista, la suya no sea en definitiva también una experiencia numinosa, que de hecho, transformará su visión del mundo. Y esto es así por el hecho de que tanto unos como otros, al inspirarse, beben de la misma fuente.
No obstante, no se debe perder de vista que cuando hablamos de arte no lo hacemos en el sentido de una esfera de actividad exclusiva de ninguna elite, sino por el contrario, en el de una verdadera experiencia espiritual que debería ser un derecho de todo hombre. Todo ser humano, por el sólo hecho de serlo, está capacitado tanto para apreciar como para producir hechos artísticos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El viaje de Ulises



Les adelanto este artículo de Claudio Cuellar sobre su lectura de La Odisea que publicaremos en el próximo número de RAM:

La Odisea, atribuida al legendario poeta Homero, constituye uno de los poemas fundacionales de la literatura occidental y del género literario conocido bajo el nombre de “literatura de viaje”. Además, es la secuela de La Ilíada, poema acerca de la famosa guerra de Troya.

Tal como lo indica el título, este segundo poema homérico está centrado en la figura del héroe Odiseo, rey de Ítaca, quien luego del asedio y, posterior, destrucción de la ciudad dardania, emprende su regreso, anhelando encontrarse con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. No obstante, y debido a la furia de Poseidón, las expectativas de Odiseo de reencontrarse con su familia se verán frustradas tanto por las peripecias que deberá afrontar como, así también, por los años que éstas lo mantendrán navegando inútilmente a través de regiones desconocidas.

Si uno cotejare La Ilíada con La Odisea podría, fácilmente, percibir rasgos determinados que establecen mojones entre ambas (a continuación, las explicaremos): una de ellas reside en la polisemia y, por consiguiente, dinamismo emergente del proceso de enunciación, esto es, se advierte un esquema dialógico entre el rey Odiseo y sus compañeros. Esto no sucede en la Ilíada, ya que en ella prevalece la univocidad proveniente del poder hegemónico y legitimado para emitir un discurso de poder, omitiéndose la opinión de los subordinados. En otras palabras, hablamos de un monologismo, es decir, la producción y transmisión de un enunciado a un receptor, sin considerar la respuesta que este último pudiera ofrecer. El monologismo (tal como a posteriori, manifestarán las producciones literarias medievales) marca un estatismo en la acción narrativa, es decir, se da mayor importancia al cumplimiento de los roles de cada personaje y del discurso adecuado a cada uno de ellos (o sea, una configuración arquetípica de acuerdo con el status quo).

Cabe resaltar, además, el quiebre en la unidad de acción presentada por el poema, ya que dentro de la trama (el regreso del héroe a su hogar) se conforman múltiples subtramas que facilitan y mantienen la atención (constante) del lector. La trama se torna más dinámica.

Otro elemento preponderante descansa en la conformación de un nuevo héroe, depositario de los valores, costumbres y creencias de la comunidad. Si observáramos detenidamente a Odiseo, notaríamos que este personaje no posee ningún atributo divino, tampoco mágico; su facultad distintiva consiste en la capacidad de razonar las situaciones problemáticas que se le presentan, ofreciendo soluciones lógicas, astutas. Es un personaje, digámoslo así, humano.

Entonces, La Odisea podría pensarse como una bisagra que determina el cierre del ciclo heroico (finalizado con la muerte de Aquiles), dando paso a una nueva performance del héroe (se escinden la etapa arcaica y la etapa clásica).

Estos son algunos de los factores que, siempre que releí la obra, pude vislumbrar. No me detendré más en las observaciones críticas sobre La Odisea; empero les contaré cuál ha sido el móvil que me impulsó a leerla, para ello deberé remitirme a un episodio acaecido cuando adolescente, en las vacaciones de verano: en algún remoto año, que ahora no puedo recordar, mi familia y yo, estábamos hospedados en un hotel de Santa Teresita. El día era tormentoso, corrían fuertes vientos. Estos fenómenos climáticos impedían salir a caminar por el centro, motivo por el cual nos quedamos en la habitación buscando alguna película en la televisión. Nuestra búsqueda cesó hallando el film Ulysses (1954), dirigida por Mario Camerini y protagonizada por Kirk Douglas (debo destacar que el film ya estaba empezado) El episodio, por aquel entonces desconocido para mí, era el enfrentamiento de Odiseo contra el feroz cíclope Polifemo, hijo de Pos[e]idón. La situación era fantástica (paso a relatarla): el cíclope Polifemo llega a su cueva, topándose con Ulises y compañía, quienes habían hurtado los víveres necesarios para subsisitir. Tras descubrirlos, Polifemo cierra la entrada de la gruta con una inmensa roca. Inmediatamente, Odiseo comete el error de exigirle al Cíclope (raza rebelde, cuyos enemigos son los dioses) el cumplimiento de las reglas del hospedaje, so pena de ser castigado por Zeus; Polifemo interpreta esto como una amenaza, tomando (y ejecutando) una decisión: devorarse a los compañeros de Odiseo, dejando a este último para el final. Hay, y esto lo digo para quienes no conozcan la historia, un conflicto que conllevaría al espectador/lector a conjeturar la muerte de Odiseo por diversas desventajas (el cíclope es una bestia de gran tamaño en comparación con los aqueos-de la fuerza física, mejor no hablemos-, a la vez que la entrada está obturada por una gran roca que ellos, difícilmente, podrían mover). Odiseo se toma un momento para meditar, tranquilo, una posible solución; no obstante, en ese momento, la emisión del film se interrumpe y me quedo embargado de completo suspenso respecto de cómo arribó el héroe a resolver el problema.

Decidí, entonces, salir a caminar por el centro, movido por la intriga generada por la interrupción del film. Me introduje en una librería, consiguiendo lo que quería; en ese momento, los libros de la literatura universal eran ecónomicos (tanto como ahora), por consiguiente, no representaban un gran gasto para mí.

Esa misma noche devoré, ávidamente, el libro y logré conocer no sólo cómo resolvió Odiseo esta peripecia, sino, además, pude vivir (en mi papel de lector) las distintas y fascinantes aventuras del héroe.

Aún, esta obra me sigue fascinando, a tal punto que si alguien me preguntara cuál ha sido el producto de esto le contestaría: esta magnífica, remota e inmortal pieza literaria permite, a través de sus bellos cantos, al lector viajar con los personajes, viviendo sus aventuras y visitando regiones ignotas, enfrentándose con mil y un obstáculos para superarlos, porque eso constituye el sentido de la vida: poder enfrentarnos a los escollos que nos ofrece la Providencia, a fin de lograr una construcción de nosotros mismos, aprendiendo a no desistir de nuestro propósitos, sino más bien llevarlos a cabo.



jueves, 7 de octubre de 2010

Presentación de la revista RAM

viernes, 27 de agosto de 2010

Minos y el laberinto

Les transcribo uno de los artículos que escribí para el primer número de RAM en torno al mito del rey Minos y el laberinto de Cnosos. Pero antes veamos de que modo operan los símbolos y el inconciente:
Los mitos y las leyendas están atravesados por la gramática del lenguaje simbólico. Para el psicoanálisis, estos relatos, tiene un valor análogo al de los sueños. Es decir, que son suceptibles de múltiples lecturas, que pueden revelar aspectos ocultos de la personalidad humana. El mito es una de la formas de la literatura y hay quien afirma que todas las piezas de ficción aspiran a convertirse en mitos, en la medida en que son manifestaciones reveladoras del inconciente.

El laberinto más famoso de la historia es el de Creta, en Grecia. Cuentan que el rey Minos quería ocultar al Minotauro, monstruo mitad toro, mitad hombre, fruto de la relación entre su esposa Pasifae y un toro blanco, y con ese fin lo mandó a construir aproximadamente en el segundo milenio antes de Cristo.
Dédalo, el más extraordinario inventor por aquellos tiempos, no tardó en concebir los planos que maravillarían al rey. En su construcción intervinieron centenares de hombres y muchos de ellos murieron durante la obra.
Cuenta la leyenda que el rey cretense intentó burlar a los dioses quedándose para si al singular toro blanco que debía dar en sacrificio a Poseidón. A cambio, entregó otro de menor rango. Curiosamente, con el tiempo, ese mismo toro blanco, despertaría en su esposa, una alocada pasión de la que nacería ese ser abominable que lo llenaría de humillación durante el resto de su vida.
Cabe mencionar que no son pocos los que ven en esta serie de hechos desafortunados una ironía de los dioses a quienes como todos saben no les gusta ser engañados por los hombres.

RAM 01 Literatura, arte y espiritualidad (la revista de nuestro taller)

miércoles, 16 de julio de 2008

Ulises y las Sirenas


Homero narró con maestría las aventuras que Ulises vivió después de Troya. Una de las famosas pruebas fue la de la Isla de las Sirenas. Los navegantes que pasaban por allí eran seducidos con la belleza de un canto venenoso, que los dejaba en un estado maravilloso e irreal, una especie de limbo, impidiéndoles continuar con su viaje. Nuestro héroe, atado al mástil de su barcaza, las venció. O creyó haberlas vencido.

Kafka sostiene que en realidad las sirenas nunca cantaron, que el aqueo cayó en un ardid más ingenioso que el suyo. Ulises salió de la isla fortalecido en su amor propio que es, lo que los cantos lisonjeros producen a los que pasan por allí. Lo que, en definitiva, le impide al hombre llegar a su Destino.

Pese a los años, la vejez y el dolor del viaje, el aventurero arribó a Itaca, habiendo padecido esta ineludible prueba interna que no todos logran sortear. Pero, ¿cómo habrá operado esta transformación interna de la que Homero no da cuenta? ¿Quién habrá sido ese anciano que rescató a Penélope de los malvados pretendientes, que se hacía llamar Ulises, y creía haber salido indemne de las Sirenas?

Pablo Muñoz

Técnica-Expresión-Danza-Epifania

Las cuatro etapas del desarrollo artístico





Mi foto
Julio Recloux, escritor argentino, nació en Buenos Aires en 1965. Cursó estudios de psicología en la Universidad Nacional de Mar Del Plata y de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González. Ha sido alumno de Silvia Plager quien lo formó como escritor y coordinador de talleres literarios. Fundó el suyo en abril de 1999. Trabajó, más tarde, también, para la Secretaria de Cultura de la Nación, coordinando talleres en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires. Estudió la psicología de Carl Jung y la obra de Joseph Campbell. Como narrador, ha publicado junto a Ana Quiroga y otros colegas en el 2004 el libro Cuentos al oído de Buenos Aires, editado por la Secretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el 2010, publicó la primera antología de su taller bajo el título: Confabulatores Nocturni. Luego, en 2012 Fantasías elementales y La maquinaria del atrapasueños (Ediciones Nueve Puntas). Actualmente dirige el sello Ediciones Nueve Puntas, escribe en la sección literaria de la revista Uno Mismo y trabaja con sus alumnos en forma privada dictando clases individuales y grupales.