jueves, 24 de febrero de 2011

El camino del escritor


Los invito a leer este interesante artículo escrito por Gabriella Campbell para Lecturalia sobre el camino del escritor

El oficio de escritor no es, como podría ser el de médico, farmacéutico o abogado, una profesión a la que se llega de manera directa, con unos estudios específicos y unas prácticas reguladas. Estudiar literatura no le convierte a uno en escritor: pocos filólogos, periodistas o teóricos de la literatura son escritores (y menos aun, escritores de éxito o incluso talento), por lo menos no en el sentido clásico del escritor como artista y creador. De hecho, muchos de los grandes de la literatura ni siquiera se habían formado en el campo lingüístico, sino en carreras y vocaciones muy distintas.

Tal vez uno de los más conocidos en este sentido sea Vladimir Nabokov, ya que recientemente se han comenzado a valorar algunas de sus hipótesis sobre la evolución de determinadas especies de mariposa, gracias a que los análisis modernos han permitido la validación de teorías que sus coetáneos rechazaron. Y es que Nabokov era un experto lepidopterólogo, que se gastó el dinero que obtuvo por la publicación de su obra Rey, dama, valet en un viaje a los Pirineos junto a su esposa para capturar mariposas. Para otros escritores, sus experiencias laborales sirvieron como inspiración para su obra literaria: Charles Dickens trabajó un tiempo en una fábrica, pegando etiquetas en botes de betún. Las condiciones deplorables de los trabajadores con los que convivía sirvieron para ilustrar varias de sus novelas, entre ellas Tiempos difíciles y David Copperfield. Ésta última también se vio influida por su trabajo como secretario en un despacho de abogados, un puesto muy distinto al arduo empleo de la fábrica.

Para algunos escritores la fama y el éxito fueron inesperados, ya que la literatura no era, en principio, su mayor ocupación. Dan Brown, celebérrimo autor de El Codigo da Vinci, quiso triunfar en un ámbito muy distinto (aunque tenía formación como escritor): la música. Antes de llegar a la cima con obras como Ángeles y demonios, sacó dos álbumes, uno de los cuales se titulaba, precisamente, Ángeles y demonios; también fue profesor de instituto, al igual que Stephen King. Por otro lado, el autor Zane Grey, que publicó unos noventa libros, vendiendo más de 50 millones de copias en todo el mundo, no consiguió sacar su primera obra hasta que tenía 40 años, gracias al cual pudo, por fin, abandonar una profesión que detestaba: dentista. La escritora de suspense Mary Higgins Clark trabajó como secretaria para una agencia de publicidad, para la que ocasionalmente hacía de modelo (posó para varios folletos junto a cierta actriz en ciernes llamada Grace Kelly). También fue azafata, empleo que le permitió viajar constantemente y conocer a personas de todo el mundo. Otro escritor de vida interesante, William Faulkner, fue durante años cartero para la Universidad de Mississippi.

Más raros son los casos de escritores de profesión que terminan haciéndose célebres por oficios muy diferentes. Sin ir más lejos, Benito Mussolini colaboraba con el periódico socialista italiano Il Popolo d’Italia (periódico del que era fundador), con una novela seriada de corte romántico. Compaginar profesiones siempre es complicado, pero hay oficios más o menos ideales para el escritor en ciernes: tal vez bibliotecario, editor o redactor. O negro literario. Ese, por lo menos, tiene fama de estar bien pagado.

miércoles, 2 de febrero de 2011

A diestra y siniestra

Cuento de Elina Escudero

Se encontró desmembrado. Las extremidades de su cuerpo se habían separado del torso como por un acto de rebeldía. No entendía lo que estaba pasando. Miró la hora: eran las seis. Sus piernas y pies, sus brazos y manos se habían separado, pero su cabeza continuaba pegada al cuello.

Dio un grito de espanto, luego se serenó.

—¡Vuelvan acá! —les ordenó, pero ninguna extremidad le obedecía. Revoloteaban por la habitación en una anarquía total. Las piernas caminaban por las paredes blancas, las manos hacían lo mismo sobre el techo. “Ni siquiera obedecen a la ley de gravedad”, pensó.

Necesitaba a las piernas para trasladarse, al menos una. La llamó:

—¡Pierna, pierna! —pero éstas seguían corriendo alrededor suyo en una actitud burlesca que comenzaba a irritarlo.

Entonces, creyó que si conseguía que al menos una mano con su respectivo brazo volviera y se pegara a su muñón, quizás podría atrapar a un pié y adosárselo por la fuerza –ya había probado que no podría convencer a alguna de sus piernas-.

—¡Brazo, brazo! —exclamó repetidas veces hasta que uno de ellos se paró ante sus ojos y se le acercó con la palma abierta. “¡Gracias a Dios!”, pensó creyendo que lo había persuadido para que se le uniera. El brazo comenzó a ubicarse del lado derecho de su cuerpo mutilado, caminando por el hombro con los dedos mayor e índice, hasta llegar a su rostro. Una vez allí, tomó una distancia corta y con los cinco dedos le dio una bofetada.

—Pero… pero… —dijo sin entender nada.

—¡Ni siquiera notaste que soy tu brazo izquierdo! —dijo el miembro.

—¡No sé! Yo… —balbuceó el amputado.

—¡Calláte! Creo que es obvio lo que está pasando acá. Te olvidaste de que tenés dos brazos porque para todo utilizás el derecho, ¿no? Sos muy injusto, ¿sabés? Los dos somos exactamente iguales, es más, yo soy más largo que él —dijo, señalando a su par.

—¡Hey! Conmigo no te metas —contestó el brazo derecho.

En ese momento, vio como ambos brazos y manos se trenzaban en un combate feroz por la hegemonía de las tareas que él les daría luego y sobre todo por una, la de escribir. Supuso que sería conveniente abandonar la idea anterior y concentrarse nuevamente en sus piernas.

—¡Piernas, piernas! —repitió sin cesar hasta que una de ellas decidió hacerle caso y frenó delante suyo, comenzó a caminar sobre el pecho, continuó pisándole el estómago, el vientre, “se ubicará a mi derecha y me permitirá levantarme de la cama”, murmuró entre dientes. La pierna siguió descendiendo hasta que en un movimiento brusco le pateó con fuerza los genitales al tiempo que le decía con notorio sarcasmo.

—¡Creo que empezaste con el pié izquierdo!

Las risas burlonas rebotaban en el vació de la habitación. Su impotencia era tal que algunas lágrimas rodaban por su rostro. En ese momento, un sonido fuerte provocó que el cuarto quedara en silencio; era el teléfono celular. “Debía entregar un artículo a primera hora”, recordó e inútilmente intentó alcanzar con la boca el borrador escrito, incitando nuevamente la sorna de las extremidades que lo observaban. Reflexionó unos instantes tratando de abstraerse de la situación y llegó a la conclusión de que sería mejor negociar.

—Está bien ustedes ganan, díganme, ¿qué quieren de mí?

Todas gritaban al mismo tiempo, el celular continuaba sonando y le era imposible ordenar ese alboroto.

—¡Basta! —gritó haciendo que se produjera un breve silencio — de a una, por favor.

—Estoy harta —dijo la pierna izquierda comandada por el pié —de que siempre se me trate como a un pájaro de mal agüero. Cada vez que estás de mal humor, los demás te dicen: ¿Qué pasa, te levantaste con el pié izquierdo? Yo me pregunto, ¿Qué tengo que ver con tu mala onda? Para tu información todas las mañanas, incluyendo las malhumoradas, el primer pié que toca el suelo es el derecho. Pero claro, como es “derecho” nadie lo acusa de nada. Pareciera que en este país, ser zurdo es mala palabra,

—¡Estoy con vos! —exclamó el brazo izquierdo dándole su apoyo.

—Esas son puras estupideces ¿Qué tengo que ver yo con todo eso?

—¡No interrumpas! —continuó el brazo —lo que te queremos decir es que desde acá, tu lado zurdo, estamos hartos de la dictadura de la derecha. Nos rebelamos. De ahora en más exigiremos igualdad de condiciones. Una Era, la diestra, ha llegado a su fin y otra, la nuestra, ha comenzado.

—¿De qué hablás? ¿Estás delirando? ¡No entiendo nada!

—Estoy hablando de que, mientras las personas como vos estaban muy ocupadas haciendo todo tipo de cosas con su lado derecho, los lados zurdos compartíamos experiencias por lo bajo sobre la opresión del reinado de los diestros y nos organizábamos. Durante años estuvimos desarrollando teorías y luchando para que finalmente llegara este día. Por supuesto también contamos con el apoyo de humanos enteros, zurdos cansados de ser víctimas de la opresión que también ellos sufren. Pero por suerte el día ha llegado y hoy todo cambiará.

—Pero… es que es imposible, ¡pensalo!, la mayoría de los artefactos que usamos están diseñados para ser utilizados con la mano derecha, muchos de los jugadores patean la pelota al arco con el pié derecho, ¡sabés todos los goles que se errarían! ¿Y escribir? Gran parte de nosotros no podríamos hacerlo con la zurda y yo, vivo de eso, ¡no te olvides que soy periodista!

—Y por eso escribís lo que escribís —dijo por lo bajo la pierna izquierda, mientras las extremidades del lado derecho no entendían una sola palabra de lo que se hablaba. Años de cómodo imperialismo les habían atrofiado la capacidad de reflexionar –aunque no, la de reaccionar-.

—¿Y qué sabés vos de lo que yo escribo? —se ofendió el humano.

—Lo sabemos, te leemos, siempre haciendo todo tipo de comentarios despectivos acerca de la izquierda —aseguró la mano.

—Y sí, otro logro del reinado de los diestros: un diario derechista —acotó el pié.

—Esto es una locura, no lo puedo creer, estoy discutiendo con las partes de mi cuerpo que, encima, piensan distinto que yo, ¿cómo puede ser?

—Ya lo dijo nuestro ilustre filósofo Leftin: “escritor diestro, pensamiento derechista” — dijo la pierna.

—¡Claro que sí, compañero! A este mundo hay que cambiarle la orientación, debe dejar de ser diestro y que predominemos los zurdos —exclamó la mano.

—Ustedes lo que quieren es imponer una dictadura, como todas las izquierdas, y limitar la libertad de los ciudadanos que en su mayoría, somos diestros.

—¡Eso es lo que a vos te contaron! —se opuso enojada la gamba.

—¿En qué estadísticas te basas ? ¿Acaso en las que realiza el diario fascista para el que trabajas? Ja, ja, ja —expresó con sarcasmos el brazo —Mirá, te voy a aclarar una cosa, en el mundo nace más gente zurda que diestra, estoy seguro, pero en el transcurso de su socialización, en la escuela por ejemplo, la obligan a ejercitar su derecha de una forma u otra, sólo porque el ambiente no está preparado para albergarlo y además, porque ser zurdo, tiene una mala connotación.

Reflexionó en silencio asombrado por la elocuencia de su extremidad. El brazo continuó:

—Nosotros proponemos una verdadera democracia donde todos tengamos la posibilidad garantizada de elegir libremente qué queremos ser, diestros o zurdos, y que se eliminen de una vez por todas estos actos discriminatorios, como por ejemplo relacionar al pié izquierdo con la mala suerte, y seamos tratados como iguales.

—¡Lo que está planteando es comunismo! ¡No le hagas caso! —reaccionó el brazo derecho dirigiéndose al hombre.

Él estaba confundido, no lograba discernir quién tenía la razón y el debate entre su lado zurdo y su lado diestro, se encarnizaba cada vez más hasta que un sonido seco sembró el silencio. Era el timbre de la puerta.

—¡Claudio! ¿Estas ahí?

—Es el jefe de redacción, ¡mi artículo!

—No pensarás entregar lo que escribiste con tu mano derecha, ¿no? —amenazó el brazo izquierdo.

—Yo te ayudo —dijo el brazo derecho adhiriéndose al hombre al igual que lo hizo la pierna y se dirigieron con el artículo en mano hacia la puerta.

—Disculpáme Alberto, no te puedo hacer pasar, estoy muy ocupado, perdonáme, acá tenés el artículo, nos vemos en la oficina a la tarde —y cerró la puerta antes de que su jefe notara lo que estaba pasando.

Cuando logró hacerlo, sus extremidades izquierdas lo empujaron con fuerza y cayó al suelo, producto también del abandono de su lado derecho que huyó cobardemente, asustado por la embestida.

Se despertó. Estaba tirado en el suelo. Miró el reloj de la mesa de luz, eran las 6 de la mañana, faltaba una hora para que el jefe de redacción comenzara a reclamar el artículo sobre el golpe de estado en Honduras. Calculó que podría hacerlo, prendió la computadora y abrió un nuevo archivo de texto: Formato, párrafo, alineación izquierda.

Análisis del cuento de Elina Escudero

Comentario del cuento "A diestra y siniestra" de Elina Escudero por Julio Recloux

El jefe de la redacción de un diario le ordena a Claudio (periodista y protagonista del cuento en definitiva) que escriba un artículo sobre el golpe de estado en Honduras. Dentro de este significativo marco se desarrolla “A diestra y siniestra”.

En un principio, podemos pensar que se trata de un cuento fantástico y relacionarlo, incluso, con esa clase de relatos que Todorov agrupa dentro de la red de los temas del yo. Pero basta que nos adentremos un poco en el corazón de su trama para que veamos que, podría ser también una ficción alegórica, al modo de las de Swift o C. S. Lewis.

El cuento está narrado en tercera persona siendo el punto de vista de la voz que enuncia el de Claudio, quien como hemos mencionado, debe escribir el artículo periodístico, aunque no precisamente en la mejor de las circunstancias.

Un gran acierto de este cuento en lo estilístico, en mi opinión, es el aprovechamiento de las metonimias. Este recurso, de hecho, será esencial durante todo el desarrollo del texto y podría estar metaforizando una lucha de poder a dos niveles: por un lado, desde el punto de vista social o ideológico, se puede leer como la discordia entre diferentes sectores de la sociedad; y desde el punto de vista del psicoanálisis, por otro, como el conflicto entre diferentes instancias de la psique. Lo cual nos permite destacar el alto grado de polisemia de este relato, que da cuenta, a un mismo tiempo, de este conflicto tanto en su manifestación macrocósmica como en la microcósmica.

El cuento se plantea, entonces, a partir de una disrupción inicial. Apenas su protagonista se dispone a escribir el artículo, se produce un desmembramiento, a partir del cual, sus extremidades (hecho que quisiéramos remarcar como portador de un alto grado de significación) se rebelan al orden imperante de su cabeza, desarrollándose, de ahí en más, una serie de disputas entre estas diferentes partes de su cuerpo. Parafraseando a Marx, diríamos que el relato es el relato de esta discordia. Uno de los puntos de máxima tensión es cuando el narrador nos dice que Claudio es testigo de cómo sus extremidades superiores se trenzan en un combate feroz por la hegemonía de las tareas que él les dará luego; especialmente de la de escribir el artículo. El punto de vista, como ya se dijo, está en la cabeza, que desde lo axiológico, en lo discursivo, aparece como la que detenta el poder. En relación a este detalle, el hecho de que esta disputa se de dentro de la conciencia de un mismo sujeto, acaso dote al cuento de una intensidad dramática especialmente lograda. Por otro lado, el hecho de que asimismo, en definitiva, todo se trate nomás de un sueño (es decir, de que “todo este en la cabeza” del periodista, hecho que resulta evidente sólo al final) nos hace pensar en un conflicto íntimo del protagonista en torno a las capacidades de reflexión (la cabeza) versus la de la acción concreta (las manos y los pies). Un tópico que encontramos también en Memorias del Subsuelo, de Dostoiesvsky,

Un dato que quisiera subrayar dentro de este análisis de “A diestra y siniestra” es que

más allá de la obvia alusión a lo ideológico en torno a los alineamientos de izquierda y de derecha (en la que incluiría, también, la cuestión de la dialéctica del amo y el esclavo presente en la relación de las extremidades y la cabeza, por un lado, y la de Claudio y su jefe por otro) hay además, en lo subyacente, otras implicancias, que remiten, mas específicamente, a otra cuestión. Me refiero al tema de las antinomias en general, que curiosamente para la mayoría de los filósofos de Occidente, son irreconciliables; mientras que para los de Oriente, en cambio, son complementarias (baste como ejemplo para el lector que citemos la archi conocida doctrina taoísta del Yin y el Yang).

Por otro lado, en relación al título, quizá podamos reflexionar que el saber popular haacuñado esta expresión para referir que algo ha sido hecho sin tino o de manera desordenada y caótica (a tontas y a locas, como quien dice). Lo cual no es un dato menor y marca otro acierto del texto en sus alcances metafóricos. Ya que es una expresión muy apropiada para simbolizar en algún sentido algo que está implícito en el relato: la desintegración que sobreviene cuando no hay armonía en la construcción de las relaciones entre las diferentes partes de un todo.

Creo que, en suma, este interesantísimo cuento de Elina Escudero invitará a algunos a reflexionar en torno al peligro del desmembramiento y la fragmentación al que nos expone la falta de dialogo y cooperación de los unos con los otros, y la incapacidad(tanto de la sociedad, como del individuo) para estimar los alcances y beneficios de la intersubjetividad y la pluralidad de discursos (lo contrario del monologismo implícito que conlleva la lucha por conquistar la supremacía de unos sobre otros). Ya que sólo a través de esta capacidad para armonizar y conciliar opuestos es posible alcanzar un saludable grado de integración que nos permita vivir con mayor armonía y realizarnos plenamente, más allá de las diferencias, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Cuentan que una vez, en tiempos muy remotos, mucho antes de los que le daría a Moises para su pueblo, le dio Dios a los hombres un mandamiento de validez universal: “que una mano lave a la otra”, les dijo. Ahora que me dispongo a cerrar mi comentario, viene a mi mente este singular mandamiento, que acaso debamos a una antigua y olvidada leyenda, y concluyo que, efectivamente, una mano no puede lavarse a si misma, pero si en cambio, una mano lava a la otra, entonces ambas estarán limpias.

Técnica-Expresión-Danza-Epifania

Las cuatro etapas del desarrollo artístico





Mi foto
Julio Recloux, escritor argentino, nació en Buenos Aires en 1965. Cursó estudios de psicología en la Universidad Nacional de Mar Del Plata y de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González. Ha sido alumno de Silvia Plager quien lo formó como escritor y coordinador de talleres literarios. Fundó el suyo en abril de 1999. Trabajó, más tarde, también, para la Secretaria de Cultura de la Nación, coordinando talleres en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires. Estudió la psicología de Carl Jung y la obra de Joseph Campbell. Como narrador, ha publicado junto a Ana Quiroga y otros colegas en el 2004 el libro Cuentos al oído de Buenos Aires, editado por la Secretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el 2010, publicó la primera antología de su taller bajo el título: Confabulatores Nocturni. Luego, en 2012 Fantasías elementales y La maquinaria del atrapasueños (Ediciones Nueve Puntas). Actualmente dirige el sello Ediciones Nueve Puntas, escribe en la sección literaria de la revista Uno Mismo y trabaja con sus alumnos en forma privada dictando clases individuales y grupales.